Sobre si hay que acompañar a la infancia y juventud en la recepción de los mensajes audiovisuales

Ante la profusión de medios audiovisuales y su constante evolución, muchas personas adultas – incluyendo profesionales de la educación – han hecho un “cese de responsabilidades”, con la idea que los propios chicos y chicas tienen más conocimientos sobre el tema que ellos. La autora nos propone una mirada en que el adulto, y especialmente el mundo de la educación, tiene mucho para ofrecer en cuanto a herramientas para una mirada crítica, ética y creativa sobre los medios. Además, plantea el debate entre la ideal transversalidad del tema y la real inclusión en un área.

Antes de empezar esta lectura, planteémonos algunas preguntas: ¿Cuántas pantallas hay ahora mismo en vuestro entorno? ¿Cuántos elementos con conexión a internet tenéis en casa vuestra? ¿Seriáis capaces de contar los mensajes que os llegarán a lo largo del día de hoy a través de pantallas?

Constantemente recibimos mensajes, muchos de ellos diseñados específicamente para nosotros. A través de la televisión, el portátil, los móviles, las paradas de buses, metros y trenes, e incluso de la compañera de trabajo que envía aquel meme a través de whatsapp. Y todos, mayores y pequeños, nos hemos tenido que ir adaptando a estos nuevos lenguajes y acostumbrándonos a estas nuevas formas de comunicación.

En pocos años ha nacido una nueva sociedad mediática caracterizada por unos patrones diferentes de comunicación, una percepción diferente del espacio y del tiempo, una desaparición de las fronteras entre aquello público y aquello privado y entre aquello real y aquello virtual.

Evidentemente, no todos los ciudadanos utilizamos los medios del mismo modo, esto difiere según la edad, el género, la clase social, el contexto geográfico, la ideología y otras muchas cuestiones. Pero hay que poner especial atención a los niños y jóvenes, puesto que en el momento en que construyen su identidad y la de los otros, lo hacen a través de los programas de televisión, la música que escuchan, las páginas web que visitan, los libros que leen. Es evidente que este contacto con los medios no es el único factor que contribuye en el desarrollo de la identidad, pero sí que se trata de una experiencia mediatizada que influye en la percepción del menor.

La alfabetización visual y audiovisual no es inherente a nosotros, requiere de un cierto acompañamiento. En referencia a los niños y jóvenes, ¿cuántas veces hemos sentido la frase “a ellos, que les tengo que enseñar yo, si de este tema saben mucho más que nosotros!” en referencia al uso de las nuevas tecnologías?

Educar en la recepción

El uso de las tecnologías no se reduce en la destreza a la hora de colgar aquella foto en Instagram o la facilidad para editar un video con el teléfono móvil. Y aquí no querría hablar de las potencialidades que tienen las herramientas audiovisuales a la hora de generar contenidos -que son muchas-, sino de la recepción de estos mensajes

Pero el uso de las tecnologías no se reduce en la destreza a la hora de colgar aquella foto en Instagram o la facilidad para editar un video con el teléfono móvil. Y aquí no querría hablar de las potencialidades que tienen las herramientas audiovisuales a la hora de generar contenidos -que son muchas-, sino de la recepción de estos mensajes. Se trata que, a la hora de recibir un estímulo, seamos capaces de descifrarlo cómo es debido. Es decir, antes de formarnos como creadores de contenidos audiovisuales, hace falta primero saber ser receptores.

En internet está todo. Es la ventana por la cual todo el mundo puede hablar. Hay perlas maravillosas pero también mensajes con malas intenciones que pueden devenir armas peligrosas si nadie nos las ha enseñado a descifrar. Es muy habitual la utilización de los llamados “filtros parentales” que se pueden activar en los ordenadores del hogar o de las escuelas, pero ¿qué pasa cuando los niños y jóvenes se encaran a las otras pantallas, aquellas sin filtros?

Las familias, aquí, tienen un papel muy significativo. Enrique Dans afirma en el libro Los nativos digitales no existen (2017) que como sus hijos pertenecen a esta generación digital, muchas familias “abandonan su deber de educarlos” y hace un paralelismo entre la realidad contemporánea y una de anterior: “en el fondo, el entorno digital no es diferente de cualquier otro. Cuando los niños jugaban en la calle, sus padres se preocupaban, por una simple cuestión de sentido común, de explicarles adecuadamente y con insistencia todo aquello de la luz roja y la luz verde de los semáforos, que no se podía salir corriendo detrás una pelota si ésta se iba a la calzada o que no se podían aceptar caramelos de un desconocido”.

Huérfanos digitales

En el entorno digital, pero, muchos padres y madres han actuado de manera completamente diferente: creyéndose que sus hijos les llevaban ventaja, decidieron hacer un auténtico cese de responsabilidad. El resultado es el que estamos comprobando ahora: más que tener una generación de nativos digitales, lo que tenemos son, tristemente, huérfanos digitales, que han aprendido mal a base de ensayo y error, y que muestran una preocupante falta de formación.” (Enrique Dans en Lluna, Pedreira te. al., 2017:22)

Si el entorno familiar es el primer espacio de aprendizaje de los niños y niñas y jóvenes, hace falta que también haya un acompañamiento en este sentido. ¿Cómo se puede dar? Por ejemplo viendo películas conjuntamente y hablando después (¿Qué querías que le pasara al protagonista? ¿Qué hemos sentido cuando el malo se moría? ¿Pormque nos ha hecho llorar aquel abrazo en el andén de la estación bajo la lluvia? ¿Si cambiáramos la música de esta persecución, funcionaría igual?), y no solo en este nivel -que alguien podría pensar que es entrar en un terreno muy técnico en el cual, como padres, no tienen por qué estar familiarizados- sino que en internet hay muchos contenidos sobre los cuales hablar y debatir ampliamente con los niños y jóvenes: Instagram, el fenómeno de los youtubers, el impacto de un twit y un largo etcétera.

En este sentido, me parecen apropiadas las palabras de Ambròs y Breve en su libro de 2011, en que comentan que aunque la sociedad actual se encuentre inmersa en los medios audiovisuales, el dominio de su uso no es “ni generalizado ni homogéneo. Estas diferencias generan un desequilibrio entre una élite que sabe usar, entender y difundir información; y por otro lado, una inmensa mayoría que, a pesar de disponer de mucha información, es incapaz de usarla, entenderla, interpretarla y descodificarla. Es decir, una forma de analfabetismo funcional, que como todo analfabetismo es una forma de esclavitud”. Puesto que “no estamos preparados para entender, comprender y apropiarnos críticamente y creativa de los mensajes de los medios, porque no hemos aprendido a realizar una lectura ideológica de estos mensajes. El consumo por el consumo nos deriva más hacia la hipnosis o la alienación que hacia el aprendizaje” (Ambròs y Breve, 2011:41)

Las otras brechas

La neurociencia y la neurobiología han estudiado la importancia de la parte emocional del cerebro en nuestra toma de decisiones y, gracias a esto, somos conscientes de la fuerza socializadora e identificadora que los medios de comunicación audiovisual tienen en estas realidades.

Por lo tanto, es necesario que haya una alfabetización en los medios como medida paliativa de esta brecha digital. La brecha digital es un concepto que hace años que se utiliza para denominar la diferencia entre aquellos que tienen acceso a las últimas tecnologías digitales de quienes no la tienen, y es causada por razones sociales, distribución de la riqueza, exclusión social, desarrollo, falta de formación… pero según Ambròs y Breve (2011), hay más brechas digitales, causadas “cuando los sistemas educativos potencian una forma de entender las TIC absolutamente tecnológica, educando en las herramientas pero obviando las formas de expresión y análisis crítica”.

Aun así, también hace falta que nos miremos los medios desde una perspectiva más amable, puesto que estos posibilitan el desarrollo de la imaginación y del lenguaje, la estimulación del gusto por la pregunta y para descubrir, el conocimiento de nuevos lenguajes y formas de comunicación, la ampliación de las capacidades expositivas y del razonamiento, la perdurabilidad de los conocimientos a causa del grado de motivación que generan y la adquisición de la capacidad de reflexión y de unos principios éticos. (Ambròs y Breve, 2011).

La neurociencia y la neurobiología han estudiado la importancia de la parte emocional del cerebro en nuestra toma de decisiones y, gracias a esto, somos conscientes de la fuerza socializadora e identificadora que los medios de comunicación audiovisual tienen en estas realidades. La experiencia audiovisual es un fenómeno a medio camino entre la razón y la emoción, entre nuestra parte consciente y el cerebro inconsciente (Farrés, 2003).

Los creadores de los mensajes audiovisuales cuidan de todos y cada uno de los detalles que llegarán de forma consciente, a veces sugerida, o incluso a través del subconsciente a los receptores. Y como receptores, tenemos que poner voluntad en la recepción de estos mensajes para entender por qué nos hacen reaccionar de la manera que nos hacen reaccionar. ¿Por qué lloramos? ¿Por qué nos gustan determinados comportamientos, marcas o productos? ¿Por qué nos caen bien aquellos actores, presentadores o personajes públicos?

La escuela acompaña y da herramientas para encararse al mundo. Enseña diversas lenguas de forma escrita, oral, educa en valores… y también hace falta que alfabetice audio y visualmente.

Hace tiempo que se va viendo esta necesidad creciente, hay muchos profesionales de la educación que desde diferentes entornos velan para fomentarlo, estudiarlo e implementarlo en las aulas, pero todavía queda mucho camino.

El Currículum prevé introducir la educación audiovisual en las diferentes etapas formativas, sobre todo de forma interdisciplinaria, pero este hecho no se ajusta del todo a la realidad de muchos centros

En las aulas se trabaja la educación visual y audiovisual, pero todavía tiene muy poca presencia en el Currículum fijado por la Generalitat de Cataluña. Éste prevé introducir la educación audiovisual en las diferentes etapas formativas, sobre todo de forma interdisciplinaria, pero este hecho no se ajusta del todo a la realidad de muchos centros por varios motivos, como por ejemplo, por la falta de formación del profesorado, tanto en la formación inicial como de los docentes en activo, por la falta de recursos y las ratios demasiado elevadas por este tipo de formación que requiere de un trato personalizado y en grupos reducidos de alumnos, por el poco tiempo que se puede destinar en estas áreas de conocimiento, también porque no hay una apuesta clara por parte de algunos centros educativos, y, sobre todo, porque el panorama actual está cambiando a gran velocidad y la educación necesita más tiempo para elaborar una respuesta muy estructurada, consensuada y consistente a esta realidad.

¿En qué área?

Dicho esto, pero, consideramos necesario que la EAV (educación audiovisual) se trabaje de forma interdisciplinaria para que incluya los diferentes aspectos: tecnológico, comunicativo, ético y emocional, creativo… Pero hasta que esta metodología no se implemente completamente, no queda muy claro sobre qué áreas recae la EAV. ¿Se podría incluir en el área de visual y plástica? ¿La de tecnología?¿ Las ciencias sociales?

Actualmente, en muchas ocasiones se descuida el trabajo del EAV desde el punto de vista creativo, ético y crítico más que en casos puntuales. Y aquí está, desde mi punto de vista, la importancia de vincular la educación audiovisual al ámbito de la educación artística. Sobre todo porque la educación en el audiovisual puede fomentar la creatividad y dotar de herramientas para recibir mensajes usando el espíritu crítico. Por otro lado educar con el audiovisual, es decir, utilizándolo, nos ayuda a familiarizarnos con las herramientas, el lenguaje y las técnicas para la creación de contenidos audiovisuales.

Al mismo tiempo, la educación artística sale beneficiada cuando se introduce el uso del audiovisual, puesto que en el ámbito artístico en la escuela se contempla muy poco el arte contemporáneo, y este utiliza muy a menudo los recursos digitales y/o audiovisuales. El estudio de propuestas artísticas actuales reforzaría la proximidad con el alumnado, tanto por la forma del discurso como por los contenidos de éste. Pero esta ya es otra discusión que daría para llenar unas cuántas páginas más.

Bruna Dinarès, profesora assoicada a la UVic y coordinadora de actividades educativas de ACVic Centro de Artes Contemporáneas.

Bibliografía

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CARLSSON, U. (2011). Las perspectivas mundial y nórdica. Los jóvenes en la cultura de los medios digitales. Infoamérica, 5, Pag 99-112. Obtenido de: https://www.infoamerica.org/icr/n05/carlsson.pdf

FERRÉS, J. (2003). Educación en medios y competencia emocional. Revista Iberoamericana de Educación, 32, pag. 49-69. Obtenido de: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=798558

LUNA, S. i PEDREIRA, J. (2017). Los nativos digitales no existen. Cómo educar a tus hijos para un mundo digital. Barcelona: Grupo Planeta.

RAMÍREZ GARCÍA, A. RENÉS ARELLANO, P. i SÀNCHEZ CARRERO, J. (2013). Educación artística y competencia mediática en el currículo de Educación Primaria. Historia y Comunicación Social, Vol. 18, pag. 673-686. Obtenido de: http://revistas.ucm.es/index.php/HICS/article/view/43998

RAMÍREZ-GARCÍA, A. i GONZÁLEZ-FERNÁNDEZ, N. (2016) Competencia mediática del profesorado y del alumnado de educación obligatoria en España. Comunicar 49, v. XXIV pag. 49-58. Obtenido de: https://www.revistacomunicar.com/index.php?contenido=detalles&numero=49&articulo=49-2016-05