El hábito de la lectura es algo que se cultiva despacio, sin prisa. Pero es algo, también, que hay que cuidar, ofreciendo modelos, facilitando situaciones, invitando a encontrar este placer que representa la lectura. Jaume Centelles nos ofrece algunas pistas para crear los ambientes que conduzcan al gusto por la lectura. Y nos ofrece, también, cinco consejos básicos para familias para facilitarlo, también, desde casa.

Roberto Cotroneo le explicaba a su hijo Francesco que los libros serios, los libros de los adultos, tienen el mismo encanto que el velero de polvo de oro de Peter Pan. Y le decía que si los niños han pensado, por un momento, que ven en el velero volador por el cielo, una noche de verano, los adultos también soñamos duando nos damos de bruces con nuestros personajes favoritos, personajes de novela que no han existido nunca.

Leemos para saber que no estamos solos y que tenemos anhelos, dudas y pensamientos comunes.

Cuando Cotroneo se pregunta “¿Qué joyciano, en Dublín, no ha creído toparse alguna vez con Stephen Dedalus?” nos está hablando del poder de la imaginación, de aquello que, como dice la inefable Matilda cuando nos recuerda que leemos para saber que no estamos solos y que tenemos anhelos, dudas y pensamientos comunes, nos está diciendo que la lectura nos hace más personas.

Me gusta especialmente el fragmento del libro donde relata:

«Y después te diré una cosa, Francesco, y apréndela: fíate de aquellos a quien gusta leer, fíate de aquellos que llevan siempre encima un libro de poesías. Mírate con desconfianza aquellos que te dicen que no tienen tiempo, que la literatura es una cosa bonita, que cuando eres joven puedes leer, pero después… Mienten, tanto se les da. Mienten sabiendo que mienten.»

Llevar un libro encima

La maestra que llega a clase con un libro bajo el brazo, lo abre y lee un fragmento, está haciendo de modelo

Este «llevar encima un libro» es una de las acciones más sencillas para transmitir el gusto por la lectura. La maestra que llega a clase con un libro bajo el brazo, lo abre y lee un fragmento, está haciendo de modelo. Quizás sus alumnos no entenderán el mensaje, pero verán como alguien se emociona y los contamina con unas palabras leídas con serenidad, muy vocalizadas y emotivas. Quizás.

La adquisición de la lectura y la escritura se produce de manera formal en la escuela pero hay otros factores que allanan el camino y ayudan extraordinariamente a que este aprendizaje sea exitoso. Lo vemos cuando los niños llegan al centro educativo por primera vez y la maestra observa los diferentes niveles madurativos derivados de la propia historia de cada cual y de las diferentes experiencias de aprendizaje y socialización vividas. Hay de todo tipo, algunas previsibles y otras, sorprendentemente, muy ricas. Estas diferencias son fruto de las interacciones diarias que se producen en casa entre padres e hijos, en un contexto de aprendizaje más informal e imperceptible.

Lenguaje oral

A medida que los niños van creciendo, todavía se nota más la influencia del contexto donde cada cual aprende, los cuentos que les explican los abuelos, los libros que leen, las vistas a la biblioteca del barrio.

Influye positivamente si la maestra promueve actividades donde el lenguaje oral esté presente, si optimiza la adquisición de vocabulario y si posibilita el desarrollo de la comprensión y del conocimiento del mundo mediante lecturas, y escribiendo y hablando de los textos compartidos

Estas diferencias se podan paliar, en parte, cuando las maestras gestionan las condicionas favorables para que el encuentro entre un niño y un libro sea dinámico y provechoso. Influye positivamente si la maestra promueve actividades donde el lenguaje oral esté presente, si optimiza la adquisición de vocabulario y si posibilita el desarrollo de la comprensión y del conocimiento del mundo mediante lecturas, y escribiendo y hablando de los textos compartidos. Todo ello son animaciones a la lectura que también acortan la brecha cultural, de manera indirecta.

Pasión e intercambio de pensamientos

Promover el gusto por la lectura requiere que el maestro sea capaz de transmitir cierta pasión y permitiendo el intercambio de pensamientos durante las actividades lectoras. Se puede empezar haciendo acciones en gran grupo, continuar en grupos reducidos y acabar de manera individual.

Leer un rato

Hace falta, pero, que se disponga de buenos libros, de temáticas variadas, al alcance de los niños.

En la escuela y en casa, dedicar un rato a leer es también, una buena animación. Hace falta, pero, que se disponga de buenos libros, de temáticas variadas, al alcance de los niños. Estos momentos de lectura (compartida, guiada o individual) ayudan a los niños y niñas a hacerse mayores porque facilitan la construcción de su personalidad, amplían su vocabulario y les proporciona velocidad lectora. También les ayuda a comprender el mundo, a discernir lo que es justo, a madurar y a desarrollar el sentido crítico.

Los beneficios de la lectura

La lectura permite que los lector cultiven culidades como la confianza, la humildad, la curiosidad y la capacidad de trabajo.

La confianza va creciendo a medida que se entiende lo que se lee y se aprende a relacionar, anticipar acontecimientos y a hacer deducciones. Si no hay confianza en unio mismo se generan miedos, inseguridades y fracasos.

La humildad nos recuerda que no se conoce todo. A medida que vayamos leyendo, nos daremos cuenta de la necesidad de seguir aprendiendo y comprendiendo como funcionan las cosas, las relaciones, el mundo.
La curiosidad es esencial para seguir preguntando, para descubrir, para seguir adelante e intentar mejorar la propia vida y la de los demás.

Si, a todo esto, le suman esfuerzo, conseguiremos que sean personas con capacidad de trabajo; conseguiremos, en definitiva, personas libres, creativas e independientes.

La lectura permite a los niños adoptar comportamientos y formas de resolver situaciones complicadas (a menudo, inconscientemente) gracias a los modelos, a los buenos modelos, que los personajes ofrecen cuando superan situaciones similares.

La lectura proporciona otros beneficios —no tan visibles como el rendimiento académico— que afectan al desarrollo emocional, a generar confianza en uno mismo, a sentirse más independiente y, sobre todo, a ver el mundo de manera global. La lectura permite a los niños adoptar comportamientos y formas de resolver situaciones complicadas (a menudo, inconscientemente) gracias a los modelos, a los buenos modelos, que los personajes ofrecen cuando superan situaciones similares.

No hay magia ni métodos maravillosos, no hay pociones milagrosas pero, despacio, con actos pedagógicos basados en la confianza y en los valores positivos, renunciando al fracaso, los alumnos, todos los alumnos, son capaces de tener éxito.

Una de las funciones principales de la literatura ─poesía, prosa, cómic, teatro, etc.─ es que, además de disfrutar de la lectura, permite relacionar, comparar, reflexionar y ayudar al crecimiento interior.

Cinco actividades para promover la lectura

Cinco de las actividades que los padres y las madres podéis hacer para ayudar a vuestros hijos a acontecer buenos lectores son:

  1. Habilitad un espacio en casa para ordenar los libros. Puede ser una estantería o una sencilla maleta.
  2. Encontrad tiempo para leer. Juntos, que noten que les dedicáis vuestro tiempo, que noten que compartís historias, sentimientos, que perciban que el estrés y los problemas quedan aparcados momentáneamente. Es preferible que sea una actividad diaria (breve, de unos quince minutos) que hacer una sesión larga cada semana.
  3. Id con ellos a la biblioteca más próxima a pedir en préstamo libros, revistas especializadas y documentos de los temas que les interesen.
  4. Interesaos por lo que están leyendo. Leer juntos fortalece los vínculos afectivos y las habilidades de comprensión. Mientras leéis, conviene que les hagáis preguntas (qué le ha dicho el zorro cuando ha sabido que…?) y les hagáis imaginar qué hubiera pasado si tal personaje hubiera reaccionado de otro modo (y si en vez de elegir el camino de la montaña, hubiera elegido el de la playa?)
  5. Hacedles dar cuenta de las palabras que encuentran por la calle (letreros de las tiendas, hashtags, embalajes, etc.). Ver palabras impresas permite conectar los sonidos y las grafías. Cuando paseéis, seálad letreros, vallas publicitarias o carteles, y preguntad a vuestros hijos si saben otras palabras que empiecen por la misma letra o si conocen alguna que rime, por ejemplo.

Victor Hugo decía que hace falta que haya libros por todas partes. El novelista francés sabía que los niños que leen poseen algo poderoso y muy estimulante porque los libros les muestran sus secretos y, donde antes había sombras, ahora hay luz.

Leer es un juego que requiere ir despacio, construyendo significados, un juego al que se accede con pasos sólidos, sin prisa. No tengáis prisa para que aprendan.

Leer es un juego que requiere ir despacio, construyendo significados, un juego al que se accede con pasos sólidos, sin prisa. No tengáis prisa para que aprendan. Todos los niños aprenden a su ritmo, así que es mejor que lo hagan de manera agradable.

Para ser un buen lector, hay que leer. Y recordad que para conseguirlo, os tenéis que proveer de paciencia, ser amables con vuestros hijos y sobre todo, tener confianza porque lo conseguirán, seguro.