“A mí no me gusta la historia”. Esta es una afirmación frecuente entre los jóvenes, que a menudo ven la historia como un conocimiento opaco, solidificado, rígido y duro, solo memorizable, pero ni útil ni, está claro, lógico o razonable.

Muchas veces, la experiencia con un profesor poco motivador o distante ha agravado el problema. Otras, es más bien al contrario, y parece que para muchos la razón que nos guste la historia se debe a la influencia de algún maestro que tuvimos, y las explicaciones de quién nos encantaron, trasladándonos en el tiempo y haciéndonos entender aquello de comprensible que tiene la historia.