¿Cómo podemos descubrir las historias que viven en nosotros y transformarlas en relatos que motiven a nuestros alumnos? Esta es la propuesta que hace la autora en el libro Educar i créixer amb històries, del cual este artículo es el último capítulo. El libro es un completo estudio teórico y práctico sobre el uso pedagógico de la narración (reseña al final del artículo).

En este capítulo queremos animaros a concretar proyectos narrativos a partir de historias personales o de vuestra comunidad, y que integren las artes y la experimentación con diferentes tipos de materiales. Y os invitamos a compartirlos y desarrollarlos con los alumnos. Os proponemos diez modelos de todo el mundo que os pueden servir de punto de partida.

Libro acordeón

Este modelo es recomendable para todas las edades. Los libros acordeón resultan del pliego de hojas o cartulinas que crean una sucesión de imágenes y palabras para explicar historias de una manera creativa. Son libros sorpresa, que dan valor a la forma y por eso mismo se los considera libro objeto.

Al inicio eran libros de plegaria de uso personal —su nombre en chino es «sutra plegada».

Son de origen chino y se empezaron a conocer en el siglo XIV. Fueron la primera forma de encuadernación textual, cosa que facilitaba la portabilidad. Al inicio eran libros de plegaria de uso personal —su nombre en chino es «sutra plegada». Con ellos cambió la disposición del texto, que pasó a ser vertical.

El uso de este formato se popularizó y rápidamente pasó al Japón y a otros países asiáticos.

Es una de las formas de libros artesanales más sencillas. Según el número de páginas que incluyan, podemos diseñar figuras, como por ejemplo una estrella o una rueda, y después utilizarlas como decoración.

Para crear un libro acordeón tenemos que plegar una tira de cartulina blanca o de color. La idea para motivar a los más pequeños es que combinen frases y dibujos. Los niños más mayores pueden hacer ilustraciones en dos hojas o más y añadir textos breves.

Libro cartonero

Durante la fuerte crisis económica en Latinoamérica del año 2001, muchas personas perdieron el trabajo y la casa. Familias enteras recorrían las calles y buscaban en los contenedores algo de valor para vender. Algunas recogían cartones que revendían a la industria para reciclar. Muchos niños y jóvenes dejaron la escuela para ayudar a sus familias en aquellos trabajos de supervivencia. Habían perdido el acceso a los libros y a la cultura. Y muchas editoriales pequeñas cerraron sus puertas.

De esta experiencia tan traumática surgieron otras maneras de hacer cultura. Un grupo de intelectuales empezó a editar sus producciones de forma artesanal, creando los libros cartoneros.

Las tapas de los libros eran del cartón que compraban a aquellas familias de recolectores.

Las tapas de los libros eran del cartón que compraban a aquellas familias de recolectores. Estas tapas eran ilustradas y pintadas con pintura al agua y el interior de los libros eran fotocopias de las obras. Algunos escritores muy conocidos cedieron los derechos de sus obras para que la gente más pobre pudiera acceder de manera económica. Y algunos niños que habían tenido que dejar la escuela consiguieron aprender a leer y escribir a partir de aquellas obras.

La editorial pionera fue Eloísa La Cartonera, que se va instaló en el popular barrio argentino de la Boca. Además de editar libros, organizaban talleres gratuitos de encuadernación para la gente del barrio. Después surgieron experiencias similares que inspiraron jóvenes editoriales europeas.

Crear libros cartoneros en la escuela es una excelente iniciativa que combina artes gráficas y habilidades de escritura. Solo hace falta cartón reciclado, fotocopiadora, grapadora, rotuladores de colores y pinturas al agua.

Libro alfombra

Una alfombra tejida a mano o hecha con recortes puede ser un cálido escenario donde se desarrolle una gran historia. Los libros alfombra se utilizan mucho en Cataluña, y son el primer juguete educativo que muchas familias regalan a los bebés.

Las mujeres tejían alfombras que son auténticas joyas porque explican visualmente vivencias y emociones.

El arte de explicar historias a partir de las alfombras es muy antiguo. Se origina en Turquía y llega a Marruecos, donde las tribus bereberes se especializaron en este tipo de arte. Las mujeres tejían alfombras que son auténticas joyas porque explican visualmente vivencias y emociones. Este arte es transmitido de madres a hijas.

Nuestra propuesta es que aprovecháis alfombras con dibujitos de animales o personajes para estimular la creación de historias. También podéis construir vuestra alfombra libro a partir de trocitos de tela de diferentes colores y texturas enganchadas o cosidas. Añadid elementos que aporten nuevos significados: espejos, peluches, letras y números…

Libro bordado

En Perú, un grupo de mujeres artesanas han formado el colectivo Manos que cuentan. Ellas bordan libros de imágenes con técnicas muy antiguas con el fin de transmitir historias a los más pequeños. Las artesanas María Gutiérrez, Maruja Santana y Rossana Reátegui crean libros para leer y tocar. También elaboran composiciones y piezas móviles para recrear historias tradicionales y originales.

Os recomendamos invitar a las abuelas del pueblo o del barrio para que ayuden a vuestros grupos a diseñar y realizar un libro bordado.

Os recomendamos invitar a las abuelas del pueblo o del barrio para que ayuden a vuestros grupos a diseñar y realizar un libro bordado. Para desarrollar el proyecto, primero tenéis que elegir una historia y después podéis seleccionar una escena significativa. Tenéis que dibujar la escena en una sábana y, a continuación, podéis bordarla o podéis hacer un collage mezclando bordados diversos con muñecos de hijo o lana.

Libro comestible

Los libros tienen su propio olor y se puede sentir plenamente desde la nariz. Por otro lado, las comidas que aparecen en los cuentos nos llevan el recuerdo de los sabores de nuestra infancia o evocan el perfume de productos exóticos…

Muchos cuentos populares incluyen alimentos, ya lo hemos visto. Y estos alimentos, verdaderos o simbólicos, nos sitúan en un lugar y en un tiempo y nos permiten conocer a los personajes por sus gustos.

Incluso hay un Festival Internacional de Libros por Comida. La única regla para participar es elaborar un plato original que parezca un libro.

Los libros para comer fueron creados en unas pastelerías de Francia en el siglo pasado. Más tarde, se presentaron libros de pan o fruta en algunas exposiciones de libros de artista. Incluso hay un Festival Internacional de Libros por Comida. La única regla para participar es elaborar un plato original que parezca un libro.

Fiestas escolares, como la Castañada o San Jorge, son buenas ocasiones para crear libros para comer. Elaboramos un bizcocho con harina, azúcar y huevos en forma rectangular. Una vez cocidao lo decoramos como un libro, utilizando pasta de azúcar blanca o chocolate de cobertura, y escribimos palabras o hacemos dibujos con pinturas comestibles. Estos materiales se encuentran fácilmente en el supermercado o en tiendas especializadas en cocina y pastelería. Solo hace falta un poco de creatividad y mucha paciencia.

Paisajes de cuento

Las frutas y las verduras son elementos muy versátiles. Si las cortamos a trozos y las disponemos en bandejas, podemos crear paisajes y personajes con mucho gusto. Después explicamos la historia y al mismo tiempo probamos los componentes del cuento.

Los niños eligen las frutas que más los gustan y forman un paisaje, por ejemplo una playa con palmeras.

Este tipo de actividad gusta mucho a los más pequeños y se puede aprovechar cuando queremos introducir nuevos alimentos en su dieta. La propuesta para trabajar con los niños es cortar frutas a trocitos con tijeras y cuchillos de plástico. Los niños eligen las frutas que más los gustan y forman un paisaje, por ejemplo una playa con palmeras hechas de plátano y mandarina y un mar de uva, una bicicleta con rodajas de naranja… Las opciones son múltiples.

Libro para plantar

Una maceta de plástico, media bolsa de tierra, unas plantas sencillas, ramitas, piedras y unos muñecos de plástico son los mejores elementos para crear un escenario natural para explicar cuentos.

La selva, el desierto, un bosquecillo o el jardín botánico de una ciudad son entornos muy inspiradores. Solo falta añadir una chispa de imaginación. Un consejo para trabajar desde esta perspectiva es salir a la naturaleza a menudo.

Otra idea es inventar alguna historia que incluya personajes elaborados íntegramente con elementos de la naturaleza, como trozos de corteza de árbol, hojas secas, piedras, etc.

El sello latinoamericano Pequeño editor publicó un libro que relataba el viaje de un padre en la Amazonia, una extensa región de la selva del Brasil en riesgo de desaparición. Al acabar la historia, los lectores podían plantar el libro.

Con este papel se pueden fabricar puntos de libro, y si se plantan estos puntos, saldrán flores.

Si os interesa profundizar en esta línea, podéis elaborar papel reciclado e incorporar a la pasta de papel algunas semillas de plantas. Con este papel se pueden fabricar puntos de libro, y si se plantan estos puntos, saldrán flores.

Libro plumero

Los libros plumero fueron creados en la India con una finalidad religiosa. Los monjes agitaban unos palos con tiras escritas con plegarias y después leían algunas a quienes los escuchaba.

Los libros plumero están hechos a partir de tiras de papel o cartulina de colores. Os proponemos escribir en tiras de papel:

  • Lugares de cuentos populares como un bosque, un castillo, una montaña, una isla misteriosa.
  • Personajes de cuento o de película.
  • Aficiones de ahora y de antes: lanzar flechas con arco, esquiar, ir en triciclo o en monopatín.
  • Épocas: la prehistoria, la edad mediana, el futuro…
  • Desafíos: encontrar la piedra mágica, vencer el dragón, volar a Marte…
  • Cada categoría (lugares, personajes, aficiones, épocas y desafíos) tiene un color diferente.

Para jugar, elige tres y explica una historia en que aparezcan los tres elementos escritos en las tiras.

Entonces, cada participante escoge cinco tiras de colores diferentes y las engancha con cinta adhesiva en un extremo del lápiz. Para jugar, elige tres y explica una historia en que aparezcan los tres elementos escritos en las tiras.

Cuentos en la pared

Los talleres de escritura creativa fomentan la creatividad expresiva y son un buen recurso para apoderar a los niños y jóvenes por medio del uso de la palabra.

Los talleres de escritura creativa fomentan la creatividad expresiva y son un buen recurso para apoderar a los niños y jóvenes por medio del uso de la palabra. Te proponemos unas ideas alentadoras que los inviten a crear relatos originales.

Estas microhistorias de ciento veinte caracteres —parecido a un tuit en Twitter— se pueden escribir sobre cartulinas y después recortar la cartulina con una forma que tenga alguna relación con los textos.
Por ejemplo:

  • El peor día de mi vida
  • Fue un viaje inolvidable
  • Este día no me pude levantar del sofá y…
  • Me da miedo…

Libro de viajes

A partir de las salidas que hacemos con los alumnos, podemos crear un relato del viaje utilizando la técnica de la scrapbook, que es el término inglés que designa los libros de recortes. Cualquier cuaderno o libreta nos puede servir de base. Conviene hacer un esquema de lo que podemos utilizar para explicar nuestra experiencia de viaje y como queremos distribuirlo dentro del cuaderno: podemos usar entradas a los museos o teatros, tickets de bus y metro, servilletas de cafeterías, postales, fotos, etc.

Los scrapbooks surgieron a principios del siglo XV en Inglaterra, para compilar recetas, citas, cartas, poemas…

Scrapbook particular de principios del siglo pasado. Fotografia de Nate Steiner.

Los scrapbooks surgieron a principios del siglo XV en Inglaterra, para compilar recetas, citas, cartas, poemas… Cada libro era único. Y en la confección del libro podían participar amigos o familiares, que hacían aportaciones en forma de texto o de ilustración.

Antes de nada, hace falta que los alumnos se informen sobre las características del lugar que visitaremos. Podemos hacerlo todos juntos en clase, unos días previos a la salida, mediante opúsculos turísticos, mapas, fotos, páginas web, cuentos o leyendas… que repartiremos para que puedan ser consultados en grupos de tres o cuatro personas.

Después, entre toda la clase, escribiremos un plan de viaje. Algunas preguntas que servirán para orientar el plan son:

  • Donde iremos
  • Como viajaremos
  • Donde nos alojaremos
  • Qué llevaremos: tipo de ropa y calzado, lupa, linterna, bañador…
  • Que visitaremos y qué actividades haremos

Este plan de viaje nos puede servir para distribuir los contenidos del libro. Cada grupo de tres o cuatro alumnos puede confeccionar su propio scrapbook. También podemos hacer un solo libro entre toda la clase y encargar a cada grupo que se ocupe de documentar y explicar un apartado concreto (destino, medio de transporte, alojamiento…) o asignarle una tarea: fotografiar, recoger tarjetas y servilletas de cafeterías, guardar entradas y catálogos de museos, dibujar, escribir las letras o los títulos de las canciones que nos han acompañado durante el viaje…

A la vuelta, podemos dedicar una o dos clases a la elaboración del libro, traspasando a sus páginas todos los elementos que hemos ido recogiendo. Como los alumnos no podrán trabajar todos a la vez, mientras cada estudiante hace una valoración en voz alta de la experiencia, los compañeros pueden escribir, recortar, pintar o enganchar.

Para acabar, es interesante que el libro se enseñe y se explique a otras clases (se puede encargar a cuatro o cinco alumnos que preparen una exposición oral acompañada de apoyo visual) y que quede a disposición de las familias, o bien en la biblioteca, en la sala donde se hacen reuniones con los padres, etc.

El artículo es un capítulo del libro Educar i créixer amb històries (Eumo, 2019).

Educar i créixer amb històries. Débora Chomski. Vic: Eumo, 2019
Hace unos diez años, el científico cognitivo Daniel T. Willingham explicaba en Per què als nens no els agrada anar a l’escola? (Graó, 2011) que las historias son “psicológicamente favorables” para el aprendizaje y que la memoria “las trata de manera diferente”. Y es que los relatos son, para los expertos, la manera como se estructura en buena parte nuestra visión del mundo. Por eso el material que Chomski nos ofrece en este libro tiene tanto valor. Se trata de un compendio teórico-práctico para utilizar los relatos en el aula de todas las maneras posibles. Los contenidos ocultos de las historias, los secretos del arte de crear, su utilidad para trabajar el currículum, para promover y dinamizar comunidades… La combinación de teoría, propuestas prácticas y relato de experiencias (que en definitiva, son buenas historias), recogidas en un lenguaje riguroso y a la vez muy asequible, hace de este un manual imprescindible para una tarea también imprescindible: hacer de los relatos una herramienta educativa cotidiana.